jueves, 22 de septiembre de 2016

Autorretrato lingüístico de Magdalena

Autorretrato lingüístico de Magdalena

También me sumo con mi autorretrato lingüístico al día de las lenguas.

Hace muchos  años mis padres vivían en una zona costera de Castellón de la Plana en el Grao de Burriana, un pueblo muy bonito y del que guardo gratos recuerdos, la casa estaba muy cerca de la playa. Mis padres estaban muy ilusionados y querían que su primer hijo fuera una niña y aquí estoy yo.

 El trabajo de mi padre impidió que pudiera viajar con  mi madre a Mazarrón  para que pudiera dar a luz en la casa de mi abuela materna, una casa de campo, mi madre fue atendida  y asistida por la partera o comadrona (actual  matrona)  y nací un 8 de Agosto en plena época estival, en el mes de  las cabañuelas, y creo que por este motivo me gusta tanto el campo y la playa.
Recuerdo un gran algarrobo en el centro de las casas, al que llamaban; el garrobo o garrofero cuyo fruto la algarroba le decían garroba o garrufa, era el lugar dónde  se ponían todas las vecinas con sus sillas para charlar y descascarillar almendras, o hacer otras faenas o tareas y decían que estaban  tomando la fresca y charlando amigablemente. 
Recuerdo el olor al horno encendido  y todavía diferencio en mi  pituitaria el olor del pan amasado y del pan cocido, a los guisantes le decían pésoles, a las alcachofas eran los alcanciles,  la playa era la praya, acostarse era ir al cine de las sábanas blancas, eran tantas las palabras diferentes que parecía otra lengua, hoy día casi inusuales, decían asín debes sentarte,  asín en lugar de así, palabras típicas del campo, palabras que eran utilizadas por esas personas curtidas, por el trabajo labriego, con muy pocos conocimientos lingüísticos, pero ricas en cultura popular.

Recuerdo que mis padres siempre me contaban que en unas habitaciones de la casa de mis abuelos paternos, en la Cañada Gallego estuvo la escuela,  las mesas del maestro todavía se conservan, mi padre guardó muchos libros con los que él estudiaba y de los que cogió la afición por las lecturas de las fábulas de Iriarte y Samaniego, poesías y cuentos, muchos nos los contaba cuando éramos pequeños, y al cabo de los años hemos descubierto  un cuaderno, en el que mi padre  ejercitaba su memoria, escribiendo muchos poemas y retahílas que aprendió de pequeño, es un cuaderno que conservamos con gran cariño. 

Bueno continúo con mi viaje hacia Castellón, mi padre por su  trabajo no pudo conocerme hasta los 10 días, viajó  a casa de mis abuelos para conocer a su primer retoño y en aquellos trenes de asientos de madera, el correo,  regresamos a casa.
En Castellón empiezo a hablar por lo visto fui muy retraída y tímida, una niña buena, que jugaba con los patitos que criaba mi madre y mi perro Titi, allí empecé a hablar a conocer palabras valencianas, como plorar, fora, filla, xiquet,  recuerdo unas frases que mi madre siempre las repite, cuando recordamos Castellón, la vecina del bajo decía, refiriéndose a mi hermano Agustín recién nacido que estuvo muy enfermo, “La meua filla en tota la nit, no ha tancat els ulls, i no ha pogut dormir, el xiquet de dalt s´ha passat tota la nit plorant”.
No puedo olvidar el refrán de la Candelaria, “Si la candelaria plora l´hivern está fora, si no plora ni dins ni fora”.
Así pasaron los años y regresamos a Murcia,  nos ubicamos en Cartagena  dónde nació la pequeña de la familia, mi hermana Gine, la dicharachera, la alegría  de la casa ,la polvorilla, en Murcia decimos la alegría de la huerta…
Fui creciendo y mira por dónde cuando realizaba 5º de bachiller  realicé un reportaje  sobre las fotonovelas, tan en auge en aquellos momentos, sobre todo de Corín Tellado  que era la más leída, fui  tomando notas  tanto en los kioskos como del público que pasaba por la calle. El argot de aquella época me encantaba empecé a utilizar pequeñico,  bonica, y me di cuenta que había palabras que desconocía, aprendí a comerme las s finales, esa s aspirada, que hace tan peculiar el habla murciana, fui conociendo refranes cartageneros “eres más duro que las cortinas” del Maíquez, el Maíquez, era un cine cuyas cortinas tardaban muchísimo en abrirse y cerrarse, “Tengo las zapatillas rotas de tanto subir al Molinete para ver venir la fragata de mi Pepe”, los hombres se iban embarcados y decían una fecha de vuelta pero tardaban mucho mas, y el Molinete, una de las 5 colinas, es un cerro alto  dónde se divisa  la entrada del puerto de Cartagena.
En aquellos años, una forma de divertirnos fue ir al cine de los Juncos, un cine abierto en
un parque cerrado donde lo pasábamos muy bien y memoricé los anuncios de la época, "Espumoso, maravilloso siempre polvos takata", o la frase "el de la gorra que corra", se le decía al acomodador cuando tenía que salir corriendo porque algún grupo se estaba peleando.


Así fui adquiriendo  mi bagaje lingüístico tanto en el colegio como en la calle y un día en la Universidad, me di cuenta que podía realizar juegos con las palabras  con un compañero y nadie nos ganaba,  estudié filología francesa y mira por donde me veo aprendiendo nuevas palabras  me marcho a París con la alianza francesa y recuerdo la résidence, á le rue Jean Jacques Rousseau. les crêpes, La Sorbonne, les Champs Élysées.. las clases todas en francés, dónde todo eran conversaciones en diferentes representaciones como si estuviéramos en un bar, en un teatro, en un concierto… sigo utilizando palabras como chapeau, bonjour, bonsoir, aurevoir, y recuerdo "Au pied de cochon", un restaurante típico francés.

Cuando regresé continué con filología hispánica de la que no me he separado.

Un día pretendí realizar mi tesis, que tengo abandonada y en uno de los cursos elaboré un bonito trabajo sobre gentilicios  árabes y mozárabes, cómo "Los Alcázares, AlHama, Aledo, Alcantarilla..."recopilados en un libro, Experiencias en la didáctica de la Lengua Castellana y la Literatura de Amando López Valero, Caridad Meroño Espinosa, Magdalena Pastor Noguera.


Fui evolucionando y en cierto momento de mi vida, tuve un superpoder; fuí Maga, Maga de sueños, maga que con sus líos con las letras y las palabras sabía hacer algo que me llenaba de ilusión y alegría, conectar con los niños y niñas por medio de la voz y los gestos. 
La Maga transmitía emociones y sentimientos haciéndoles vibrar con cada una de la actividades que realizaban. Los niños y niñas eran libres y su imaginación y creatividad les hacia volar por un mundo mágico y creativo, convirtiéndose en grandes magos de sus propias experiencias, disfrutando y siendo felices.

Las palabras fluían como un juego dialéctico, y la maga podía jugar pronunciando las palabras al revés y en vez de bolsa mágica llevaba sabol donde guardaba todos los cuentos. Caperucita Roja era Tacirupeca Jaro, caracol col es colraca col, todos jugábamos con las palabras y utilizábamos los trabalenguas que había aprendido desde pequeña como recurso para desarrollar el lenguaje oral, "Una vieja virueja virueja", "La cabra cabratis", "La alcatratepa", "Un clavo clavó pablito", "Un tigre, dos tigres, tres tigres", "El cielo esta emborregado o enladrillado"...Tantos y tantos trabalenguas que los niños y niñas podían memorizar e inventar siendo las delicias de diversión segura, y así seguí avanzando en nuevos retos que iba descubriendo con los pequeños, cómo transmitir poesía y canciones populares, utilizando trenes de palabras para memorizar el vocabulario, lecturas en el aire para memorizar los versos y las estrofas de cada poema. La poesías , la literatura popular, el folklore nos invita a seguir avanzando en un mundo de Animación a la lectura y a la escritura.



Podría estar hablando horas y horas , pero creo que eso es para otro momento, con estas
pinceladas he pretendido hacer un autorretrato de una trayectoria que no ha finalizado.

Fotografías de Magdalena Pastor Noguera
y PhotoMontager